
Mil es un número muy redondo y en unos años veremos el resultado, pero de momento se han publicado ya en Nature las conclusiones de una primera fase piloto del proyecto en la que se han resuelto 179 genomas, una cantidad nada desdeñable. Aunque en esta fase piloto la cobertura de estos genomas no ha sido muy completa que digamos (es decir, no se ha hecho una secuenciación exhaustiva de cada uno) y hay que asumir cierta tasa de error en las secuencias, se ha complementado el estudio con estrategias complementarias. Una de ellas es la secuencia de alta calidad de dos familias (padre, madre e hijo), seis personas en total. De este estudio en particular es posible deducir cuántas mutaciones se generan de novo en un individuo, es decir, cambios genéticos que aparecen en el hijo pero que no ha heredado de ninguno de sus padres. El estudio sugiere que una de cada 100 millones de bases cambia en una generación (para bien o para mal, la especie sigue evolucionando…).
La segunda estrategia complementaria consiste en la secuencia de las regiones expresadas de genoma, los llamados exones de los genes, que es esa mínima parte del genoma que lleva información (todo lo que no entra en la categoría, mal llamada, de ADN basura). Los exones son muy pobres en variabilidad genética en comparación con las regiones menos informativas del genoma, pero las diferencias encontradas pueden ser, obviamente, más relevantes para el fenotipo, es decir, más importantes a la hora de relacionar dicha variabilidad con los rasgos y predisposiciones que nos interesan desde el punto de vista médico, científico o por pura curiosidad. Esta última estrategia se ha llevado a cabo sobre el material genético de 697 personas. Estamos pues afinando muchísimo nuestro conocimiento de esas pequeñas diferencias que nos hacen como somos, ni mejor ni peor (lo más peligroso de la genética son las interpretaciones que pretenden justificar la superioridad de un grupo o individuo). En esta fase del estudio se llega a la caracterización de 15 millones de SNPs (single nucleotide polymorphisms; cambios de una sola base en la secuencia), más de la mitad de ellos hasta ahora desconocidos. A esto hay que añadir un millón de pequeños cambios un poco más drásticos (inserciones o deleciones de unas pocas bases) y 20.000 variantes estructurales en los genomas. A vista de pájaro, los investigadores calculan que eso supone el 95% de lo que se puede encontrar en el material analizado, que no es poco. Para que no perdamos de vista que la genética es una lotería, los autores estiman que cada persona porta entre 250 y 300 genes inactivados por mutaciones al menos en una de sus copias (recuerde el lector que es diploide y por tanto porta un duplicado de sus genes procedente a su vez de una de las copias de cada uno de sus progenitores). Entre 50 y 100 de estos genes estarían implicados en enfermedades hereditarias conocidas. Es algo más de un 0,5% de nuestros genes y el hecho de que cada uno somos portadores de al menos 50 enfermedades hereditarias nos da que pensar. Menos mal que el azar juega en nuestro favor y no es tan fácil que nuestra media naranja porte justo las mismas, de modo que nuestros hijos con seguridad heredarán su ración de genes de riesgo, pero no será tan común que la recombinación les otorgue alteradas las dos copias de un gen importante, afortunadamente. Pero aunque lo poco común es raro por definición, no es raro rarísimo… Puedes consultar en FEDER, la Federación Española de Enfermedades Raras, una larga lista de estas afecciones, algunas horribles... Allí te contarán que 30 millones de personas en la Unión Europea las padecen. En fin, estaremos atentos pacientemente al siguiente capítulo de la Genómica... A los científicos nos encantan los números, pero ya sé lo que están ustedes pensando: ¡Menos números y más beneficios!